Miro mi mano abierta,
mis cinco dedos a una palma unidos
con cinco latidos que suben
rio arriba de mis venas calientes.
Siento mi corazón,
siento mis sienes
en las noches internas con cinco gemidos
a las orillas de mi amoroso río.
Cinco surcos abiertos,anhelantes
a los besos que esperan
del árbol que les dió su semilla,
la sombra larga que cubre sus cabezas.
Son cinco, siempre cinco, eternamente cinco,
en la piel sobre mi cráneo, cinco en la noche
y en el día, cinco antes y después de haber
nacido,
cinco puñados de la tierra mía,
cinco números escritos en un signo,
cinco risas en mi melancolía, cinco serán
sus muertes y sus vidas, cinco destinos, cinco
esperanzas ante cinco caminos de la vida, y
ya seránsiempre cinco mis goces y agonías
A Manuel Felipe Rugeles
Eras vaso repleto de amores desbordados,los campos de tu tierra te dieron su lección,
recojiste la savia que brota en los sembrados,
el amor de la tierra que abrieron los arados,
y era el alma en tu pecho, dorado frailejón.
Y la rosa, la abeja, el agua de los ríos,
los senderos perdidos, la niebla en la montaña,
llenaron tus cantares de dulces desvarios.
Las ruedas de los niños giraron con los brios
que le daba tu música de hombre que no engaña.
Fuiste a buscar la sombra del árbol de tu infancia,
a regustar sus frutos con tu alma de niño,
a rebuscar las huellas de tu última estancia,
a escuchar las sonatas del agua que se escancia,
y a buscar en sus soles el sol de tu cariño.
Todo esta ahí contigo, todo lo que tu amabas;
tu Dios sobre tu verde, tus caminos y el viento,
mariposas y flores a las que tu cantabas,
la tierra de los Andes que tanto tu añorabas,
la indígena leyenda que era tu lamento.
Inmenso eras contigo, con los demas inmenso,
tu amistad era cálida como abrazo que abriga.
Con hombres como tú se une el Universo.
Eras todo ternura en tu alma y tu verso,
yo nunca olvidaré tu gran nobleza amiga.
¿Importa a alguién?
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He arrancado la piedra
He arrancado la piedra
con un tirón que salió de mi espalda.
He arrancado la piedra
con un esfuerzo que me nubló la vista.
He arrancando la piedra
de siglos a la tierra adherida,
sin aristas, sin huecos, sin raices,
asiento peregrino del peregrino andante.
¡He arrancado la piedra!
Y me abofeteó el rostro un hálito escondido
de humedad y de vida.
He arrancado la piedra y bajo ella
he encontrado una filosofía,
la pegajosa tierra,
la lombriz escondida.
En los temblores finales de mi tarde,
con la fe colgando de mi hombro,
como capa podrida,
en la era de los altares y patíbulos,
rebuscando mi alma, en los escombros,
la ruta perdida.
Con el polvo reseco en mi garganta,
y en mi espalda el grito del asombro
de humanidad perdida.
Con el grito cansado del espíritu
Que desafía a Dios, y a Dios se inclina,
¡Eterno preso!
En la lucha del instinto que muerde
y se revuelca en la inmunda letrina
de su sexo.
Negar, negar.... Solo mi yo y la naturaleza.
Solo creando nos destruiremos, mataremos la vida
con un beso.
Al Esposo Ausente
Yo se que estás aquí
lejano amado mio,
ángulo de aquel universo
que meció el sueño
de una noche con ayes y gemidos.
Te siento resbalar sobre mi piel,
y pararte en mis poros
y en mi vientre,
y llamar fuerte a la ventana
negra de mi pecho.
Madre de cinco flechas de tu sangre,
cinco regueros abiertos en mi piel,
conciencias que caminan,
¡y son el mas allá del tiempo nuestro!
La Niña va para Misa
La niña va para misa
con la trenza recogida,
corpiño de paño verde,
al aire la pantorrilla.
Al pasar por los caminos,
las zarzas besan su tersa
piel rosada de aldeana,
y enganchan su enagua fina.
Corre, corre, que ya suena
la campana de la hermita.
Se le destrenza la trenza,
la piel se torna encendida.
Hay un hombre en el camino,
allí junto aquel barbecho,
el corazón de la niña,
quiere saltarle del pecho.
¿Dónde está la prisa aquella?
¿Y la campana y la misa?
Hay jugo preso en el beso
y ansia loca en el abrazo
que le deshace la trenza...
¡Duerme Hijo, estoy aquí!
Si no tienes sueño reclina tu cabeza
en mi regazo blando.
Yo pasaré mi mano leve sobre tus ojos.
¿Ves que fácil? Así, duerme,así...
Si tienes frio yo te arroparé.
Yo te daré el calor justo que tu necesitas.
ni poco ni mucho, así....
Besaré tu frente chiquita y pura,
y tu sentirás venir el sueño sonriente..
No pienses en el juguete roto,
ni en el niño que te hizo aquella burla,
ni tampoco en lo que haras mañana..
Duerme niño mío, yo estoy aqui contigo,.
yo llamaré al sueño para ponerlo
sobre tus párpados.
¿ No lo sientes venir?
¿No sientes como te envuelve en su nube de algodón?....
Así ya sonrien tus sueños blancos como tu alma..
Te daré un beso muy quedo, muy quedo..
Pondré tu cabeza sobre la almohada,
así tapadito, mi angel, mi hijo!.
¡Hasta mañana!
A los Niños Caraqueños de los Cerros
¡Grita, grita niño!
¡Arráncate tu costra!
Debajo de ella esta tu sangre viva,
mira el cielo azul de la patria grande,
¡Grita, grita niño de los cerros!
Amasa tu barro con tu propia saliva,
con el agua que hiede y pasa por debajo.
Amasa bien tu bola con tus dedos,
tírala fuerte con tu sudor chiquito.
Ella irá hacía allá abajo contra los
herederos de la España americana.
Amásala fuerte con tu barro, tu sangre
y con el agua de los ríos sucios que te robaron.
Templa bien la bola con las lágrimas
de tu madre.
Pónle un cordel a tu lata vacía,
¡Grita, fuerte, fuerte!
Chupa la gota de sangre que sale de tu dedo
y ¡Grita más fuerte!
La Patria
La patria está pequeña en la distancia
y grande en el recuerdo.
Borbotón de amor en tu corazón solo,
leche cálida que amamantó tu infancia.
La Patria es la que llevas en tí mismo;
no son los valles verdes,
ni la montaña aquella,
ni la añorada casa,
ni siquiera la madre que te llora.
La Patria es hombre vivo,
es la unión del ayer y del mañana,
es la historia que escribes cada día.
La Patria está en tí mismo,
y tú en la Patria.
La voz del perseguido será siempre
la que mas alto suene,
su eco estallará entre dos mundos vivos,
está en el cráneo español agazapada,
está en la sangre, en el surco,
en la tierra que espera tu llegada,
en la médula pegada con los huesos
exilados de hoy, no de mañana.
Españolas las Sangres trasplantadas
Españolas las sangres trasplantadas,
arrancadas del grito de su parto,
arrancadas las manos, y arrancadas
de cuajo las raices habladoras,
habladoras de peregrinas huellas sudorosas,
de siglos vergonzosos como niños
que esperan de la Pitia que nos hable
cuando el hombre nuevo contagiado de Vallejo
busque su voz de niño en su nota mas alta.
¡Hable y grite a las conciencias libres,
a las dormidas conciencias enterradas,
al sonoro galope de las sangres
esparcidas por los mares y los vientos!
Llegada del Esposo
Estas aquí, llegaste, te esperaba.
Quizá nunca te fuiste de mi lado,
estabas en mi piel agazapado.
Te sentí muchas veces en las noches
cuando el dolor llenaba mis insomnios
y colmaba a la vida de reproches.
Entonces te llamaba y no venías,
quería la anestesia de tu beso,
¡Qué calmara mi ardor tu mano fria!
Necesitaba entonces tu presencia,
el hondo socavón de tu regazo
para hundirme en él con mi conciencia.
Intimo
¡Pobre poema mio sin mañana!vertiendo sus dolores en el sendero muerto,
contando sus ensueños al infinito abierto,
que no tiene esperanza.
¡Pobre poema mio!
Lo hice entre dos tardes, en la hora, indefinida, muerta,
que el dolor y el amor se dan la mano.
La hora incierta, que convirtio su hueco
en el nido caliente de mis penas.
¡Pobre poema mio sin destino!
en donde apenas late mi hoy sin viento
¡y la voz de mi yo sin infinito!



